Una Pesadilla Especial

(También se puede leer como “Una pesadilla: ESPECIAL”)

Mi dejadez nunca me ha traído nada bueno, y tengo cuatro latentes pruebas de ello:

  1. Física II
  2. Métodos Numéricos
  3. Lenguaje Ensamblador
  4. Graficación

No paro de quejarme de que el sistema educativo es una mierda, pero entre sus parches y más parches (digo parches porque no remedian, solamente… PARCHAN), hay segundas oportunidades (nivelación), terceras (extraordinario), cuartas (repetición), quintas (repetición-nivelación), y más…

Supongo que si no dieran tantas oportunidades, no habría tanta gente inepta ocupando lugar en los salones para pelear por un título que no se merecen, entonces los maestros no tendrían esa apatía por los alumnos, al filtrar a los malos alumnos aumentaría la calidad de las clases, sería más fácil que un grupo de buenos alumnos pusiera en jaque a un mal maestro, y… bueno, ya saben, castillos en el aire…

Pero, en fin… así es el sistema, y es lo que hay, yo no soy como esos ratones ingenuos que creen que no hay gatos en América y las calles de queso son.

Ahora, mi experiencia personal de un tenebroso Examen Especial:

Igual que la primera vez que reprobé una materia de la universidad, cuando me hice merecedor de mi primer gran examen especial, sentí que el mundo se me acababa, adiós a mi tranquila vida universitaria, etcétera, etcétera; además ¿ensamblador? ¿no es eso algo de programación? me atreví a reprobar, no una, sino dos veces una materia que me era tan fascinante, la primera vez por flojera, y la segunda por un proyecto más allá de mis de por sí aventurados cálculos.

Después de un par de semanas, saqué fuerzas, quién sabe de dónde… y empecé, talvez no a lloriquear, pero sí a dar mis patadas de ahogado, a ver si había una mínima posibilidad de salvarme de aquel destino.

Alguna vez escuché que el Instituto Tecnológico de Veracruz es un lugar mágico donde todo es posible, pero al menos conmigo la magia no funcionó. El especial era inminente, postergable si acaso, pero no iba a estar más preparado con unos meses más de tiempo.

“Se vienen tiempos difíciles, Harry Manny…”

[Expert Mode]

Sea por valentía, valemadrismo o imprudencia pura, me atreví a tomar mis dos materias de repite en el mismo semestre, y junto con mi especial, parecía que estaba cavando mi propia tumba…

[Crazy Mode]

¿Qué más, Manfredo? ¿Puedes ser más masoquista que eso? ¿Qué sigue? ¿Resolverás tu examen especial mientras saltas el desfiladero de Springfield en una bicicleta, tomando en cuenta que no sabes andar en una?

Bueno, pues le añadimos un curso de Francés Básico III.

[Nightmare Mode]

Agreguémosle el Nôken (Examen Oficial de Aptitud en Lengua Japonesa) que se avecinaba para finales de este semestre (el 6 de diciembre para ser exactos) , y cualquiera con sentido común podría decir sin temor a equivocarse: “Manfredo, estás jodido frito.”

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Ahora, el epílogo (o “recuento de daños” quizá) de este episodio:

  • Especial: Lenguaje Ensamblador [Aprobado]
  • Repite: Graficación [Aprobado]
  • Repite: Métodos Numéricos [Aprobado]
  • Ordinario: Cultura Empresarial [Reprobado]
  • Ordinario: Contabilidad Financiera [Aprobado]
  • Ordinario: Interfaces [Aprobado]
  • Ordinario: Cómputo Distribuído [Aprobado]
  • Idiomas: Francés Básico III [Aprobado]
  • Idiomas: Japonés (Cerficicación) [Pendiente]

(cabe aclarar que Física II la acredité el semestre anterior)

Tendré que esperar hasta marzo para obtener los resultados del examen de japonés, y no me alcanzarán las uñas con tanta impaciencia que tengo al respecto.

La pesadilla terminó, y a manera de analogía, esa reprobada en Cultura Empresarial vendría siendo como la cama que mojé del susto.

¿Qué me espera para el próximo semestre? Cultura Empresarial, como único repite que me queda, un horario del asco por culpa de ese espantoso CERO, un último semestre de Francés Básico, y mi comienzo en un idioma del que no sé ni el “WHAT?”: Alemán.

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Ouch!

Bateadas y friendzoneadas han definido mi vida hasta el día de hoy, y en homenaje a la más reciente, me puse a pensar en cuáles han sido las respuestas más inesperadas que he recibido a una declaración… a ese infame rompeolas que en su forma más simple se pronuncia “me gustas”.

Una de las que merecen ser mencionadas fue precisamente esta última:

YO: Me gustas.

ELLA: Sigues jugando, ¿verdad? ¿Ya estudiaste para mañana? Es lo que deberías estar haciendo.

Dios, suponiendo que existe, parece ser un magnífico cómico, y yo soy como uno de sus clásicos, un Pepito o más posiblemente un gallego de sus chistes, porque esa situación pasó casi al pie de la letra en Lovely Complex (perdonando el pequeño spoiler), serie que he empezado a ver apenas este mes.

Y otra de mis favoritas (bueno, quizá en ese momento no lo era), que tuvo lugar en Córdoba hace ya algunos añitos, iba mas o menos así:

YO: Me gustas.

ELLA: Gracias.

”Gracias por el ego-boost, te mereces un abrazo, pero ni creas que voy a andar contigo”, supongo (?)

Pero, bueno, creo que debería estar agradecido con ella, puesto que se trata de la misma chica que alguna vez le respondió a otro menos afortunado que yo de la siguiente manera:

ÉL: Me gustas.

ELLA: ¿Y luego?

Miren que, que un niño de 10 años haya reunido valor para decirle a una compañerita suya que le gusta, y su detalle fuese recibido de tal manera, no me sorprendería que desarrollara ginofobia.

Creo que es gracias a esa anécdota que puedo seguir viviendo a pesar de los tan originales batazos que de vez en cuando se botan algunas mujeres.

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Disculpa al cuadrado

En la zona “informal” de la blogósfera hay dos tipos de posts que abundan: las inauguraciones y las “reactivaciones” tardías.

Claro, un blog solamente se inaugura una vez, pero con la cantidad de blogs que no superan las 10 entradas (cof-cof…), la cifra se vuelve estratosférica. Y en cuanto a las reactivaciones, vaya, también las han de conocer… esas que vienen acompañadas por una linda disculpa, una conmovedora excusa y promesas casi de político en candidatura.

¿Y qué creen? Pues yo también me voy a disculpar… y también me disculpo por hacerlos leer esta disculpa (?) así como el resto del protocolo…

Ahora, las excusas razones de mi ausencia: un cambio en mis paradigmas de vida.

“Asertivo, paradigma… son palabras que usa la gente estúpida para parecer importante…¿estoy despedido?” – The Simpsons

(y para amenizar un poco más mi disculpa, aquí les va Dilbert…)

No, ya en serio… en estos meses he cambiado bastante mi forma de pensar, y tuve que ir adaptando mi itinerario al nuevo “sistema”.

Y mi otra razón de peso: el cambio de computadora… mi primera semana con una computadora es 95% improductiva, entre que me acostumbro, la adorno, me peleo y me reconcilio con ella, etc… y miren que esta vez cambié 3 veces de máquina.

Ahora, ¿qué promesas les traigo?

NINGUNA.

(Así podré jactarme de que cumplo todo lo que prometo.)

Espero me sigan leyendo.

Solución: La raíz de este post es una disculpa.

¡Ah! Y para los que me dejan sus comentarios en twitter, comentar en este blog también es gratis… :P

 

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Jesús expulsa del Templo a los mercaderes

Durante mi infancia pasé por muchos cambios de escuela, así como ahora en Veracruz son mis cambios de casa, pero en cuarto año de primaria decidí darme a mí mismo y a mis padres un descanso.

Ese año entré al Instituto Guadalupe, una escuela católica donde había estudiado mi madre, y aunque ese fue el año en que mi hermana Fernanda dejó de supervisarme para que hiciera tareas y todo eso, no me fue del todo mal.

Curiosamente no me encontré con pura cara nueva, pues mi amigo Julio parecía no sólo compartir mi costumbre de cambiar de escuela, sino que también coincidimos en irnos a la misma.

En general tengo vagos recuerdos de esa época de mi vida, pero lo que sí ubico nítidamente es que después de un tiempo en la escuela, empecé a vender cosillas que me encontraba en el centro de Córdoba, en las importadoras y los puestos que en ese entonces había en las calles. Y esa intención me nació al ver que uno de mis compañeros hacía mas o menos lo mismo: llegaba un día con un sacapuntas llamativo, y al día siguiente ya estaba surtiendo los pedidos de uno que otro incauto que quería un artículo igual.

Yo empecé con unos ventiladorcitos de bolsillo que le vendrían mucho mejor a un jarocho sudoroso y quejumbroso que a un pobre niño cordobés que necesitaría más un paraguas. Pero se vendían, y muy bien… ¡hasta las pilas las compraban conmigo!

La manía del comercio parecía ser por temporadas, uno con su papelería, otro con sus quesos y yo con mis artículos de importadora… pero casi siempre al menos dos de nosotros estábamos vendiendo algo. No sé si sea casualidad o no, pero cuando yo osaba ser el único vendiendo algo, tenía cita segura con la directora…

Ya me había olvidado de mis quejas sobre la escuela (como el hecho de que fuera religiosa), y en ningún momento les insinué a mis padres una intención de mi parte por cambiarme de escuela. A mis infantiles ojos, los estaba “mal-acostumbrando”, porque cuando quise cambiarme de escuela para la secundaria, ni mi padre ni mi madre accedieron.

¿Y a qué le huía yo realmente? Fácil: a ir a la escuela por la tarde.

El Instituto Guadalupe es, por las mañanas, una primaria mixta y una secundaria para señoritas. Los varones que se inscribieran para secundaria o bachillerato forzosamente estarían en el turno vespertino.

Toda mi tarde de caricaturas y de andar de vago por el centro iba a quedar arruinada, y así fue…

Me costó trabajo adaptarme, pero para que no tuvieran un hijo perezoso que se despertara después de medio día, mis padres me inscribieron en una escuela de computación por las mañanas: CETEC.

Mi rutina se había vuelto CETEC-Centro-Escuela, y cuando me empecé a llevar mejor con José Mauricio Cruz, llegaba a veces a su casa para irnos a la escuela.

En CETEC empezó mi euforia con las computadoras y con internet, y eso convirtió mi “dragonballmanía” (normal de un niño de mi edad) en una afición al anime.

Paralelamente, en la escuela, un tal “Panda” nos asombraba con unas revistitas con información de Dragon Ball que todavía no salía en Canal 5, y cuando yo encontré unas revistas del mismo estilo en una importadora, no dudé en hacer comercio.

Luego me encontré con unos pokers cromados de anime (Dragon Ball Z, Sailor Moon, Neon Genesis Evangelion, Ranma 1/2, Street Fighter, Ghost in the Shell, etc.), costaban $115, así que en realidad no era buen negocio, mas bien quería yo sacar dinero para comprármelos para mí… habían también pokers “económicos”, de $32 al público… pero claro que a mí me daban ya precio de mayoreo en la mayoría de las importadoras. =)

Llevé uno y lo vendí, me pidieron más, y los surtí…

Pero estaba a punto de pasar algo drástico en mi vida:

El cumpleaños de Mauricio yo estuve buscando un regalo en la importadora (me iba bien con mis pequeños negocios y era bastante detallista con mis amigos y familia). Encontré una imitación de navaja suiza que pensé que le gustaría, pero en esa misma tienda vi otra cosa que me pareció más curiosa todavía: un poker pornográfico, a $11.50 (precio de mayoreo).

A base de mentiras infantiles “logré” hacer que me lo vendieran. (Pobre niño tonto, en realidad no estaba engañando a nadie, pero al menos no me sentía observado.)

En casa de Mauricio le di a elegir, él quiso la navaja… de igual manera llevé el poker a la escuela.

Estábamos en receso, entre las gradas y las inmensas escaleras de la escuela, con la “flota”, y Mauricio les contó mi “hazaña”, yo les enseñé el poker, y por mi fama no faltaron los pedidos… no se me ocurrió otro precio, así que di el mismo de los pokers de Dragon Ball que les vendía antes, aunque no era mi estilo dar las cosas al triple.

Ese día le vendí a Adán el que llevé (él no era libidinoso, estaba realmente pensando en vender las cartas sueltas), y al día siguiente le fui con otro cuento chino al sujeto de la importadora, llevé varios, y todos fueron vendidos. Así pasaron varios días, todo un éxito de negocio, y más con Adán como revendedor, toda una alternativa para los que no tenían ni $10 en sus bolsillos.

Pero un día en la clase de Matemáticas con el profesor Eleuterio, todo se vino abajo. En la fila que estaba frente al escritorio del maestro los chavos estaban echando su desmadre, y entre ese desmadre hasta llegaron a lanzarse cartas de poker… de ESE poker. Eleuterio se impacientó y les llamó la atención… les quitó las cartas y al verlas preguntó de quién eran.

Se apreciaba en el salón un silencio entre preocupado y solidario, hasta que la voz de Miguel Ángel lo echó todo a perder:

- Son de Aldo

- ¿Y de dónde las sacó?

- Se las vendió Adán.

- ¿Y Adán cómo las consiguió?

- Con Manfredo.

En un abrir y cerrar de ojos tenía una bola de padres de familia persinados y furiosos exigiendo mi expulsión definitiva del plantel… y así fue como terminé en la Escuela Secundaria Lic. José Ma. Mena Sosa.

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Perlas a los cerdos

Hoy Facebook me hizo una de esas bromitas pesadas:

malaidea

Pero bueno, como muchos no se saben la historia detrás de esa linda carita frentona, la relataré aquí en mi anecdotario:

[NOTA: Esta historia puede parecerles más larga y tediosa de lo normal, y con mucho relleno, pero es porque forma parte del argumento principal de la historia de mi vida.]

Recién expulsado del Instituto Guadalupe en plenos exámenes semestrales, mi hermana a través de sus amistades me ayudó a entrar a otra escuela y terminar ahí ese primer año de secundaria que ya se veía perdido por la drástica medida del director de la escuela religiosa.

La Mena Sosa era un lugar totalmente extraño para mí, no tenía ni medio año que había escuchado por primera vez ese nombre (porque mi amigo Julio se había pasado a esa escuela recién empezado el año escolar), y ese día me encontraba yo solo, entre tanta gente desconocida… primero quería hablar con algun maestro que me pudiera orientar.

Pero la primera persona a la que me encontré fue un chamaco preguntón, que me hizo contarle algunos detalles sobre mi tardía integración a la escuela. También me preguntó que a que grupo entraría, en realidad yo no sabía nada, pero él parecía el típico personaje que lo sabe todo sobre el alumnado, así que le pregunté por Julio, no quería empezar desde ceros.

“En el C”, así me contestó, y no recuerdo cuánto más haya durado la conversación, pero de ahí fui en busca de alguien que me diera información un poco más “oficial” sobre mi situación.

Le dije al subdirector todo lo que tenía que decirle, y cuando me preguntó que si sabía en que salón me habían asignado, le dije “creo que en el C”.

Para mi sorpresa vi más de un rostro conocido, y casualmente también estaba ahí un familiar de aquel soplón que hizo que me expulsaran.

Eran días sin pena ni gloria, recién estaba superando cierto “amor de la infancia” cuando de repente vi a esa chica en la puerta del salón de 1ero A y me maldije por haber dicho “C”.

Como chico nuevo, tenía menos confianza que de costumbre, así que en lo que quedaba del año no hice ni el menor intento por conocerla.

Para segundo año, algunos de mis amigos ya sabían que aquella chica me gustaba, y un buen día me presentaron a dos chavos: José Manuel Pérez y José Manuel Cid, que prometían ayudarme a conocerla… ese día supe su nombre: Ana Laura, y su sonido me fascinó.

Durante el receso me llevaron hasta donde ella y nos presentaron. Esa ha sido la primera y última vez que dejé que me presentaran así sin más a alguien de mi interés.

Cuando me saludó, algo me perturbó, su voz no era muy encantadora que digamos, pero igual me seguía gustando. Ninguna plática salió de esa presentación tan súbita y sin razón aparente.

Hice varios intentos durante segundo año por acercarme más, pero ninguno digno de mencionar… bueno, talvez uno sí…

Por alguna razón, a finales del ciclo escolar habían unos días “extra” de clases después de los últimos exámenes, esos días no contaban en lo absoluto en nuestras calificaciones, pero igual teníamos que ir a la escuela. Yo aproveché esos días para pasar más tiempo en el grupo A, tomando clases con ellos en vez de con mi propio grupo… y vaya que terminé llevándome muy bien con Cid, Pérez y algunos más, pero no con Laura ni sus amigas.

Mi tercer año de secundaria lucía mucho más prometedor, había escuchado los rumores de que ya no serían tres grupos sino dos, por lo que ya no se matendrían íntegras las listas de los grupos A, B y C. Y así fue, estaba yo en el mismo grupo que Laura, y también Pérez estaba ahí.

Para ese entonces, yo tenía dos grupos de amigos, uno con Jorge Luis Domínguez, Alejandro Hernández y Juán Carlos Salas, y el otro con Miguel Murillo y Daniel Morales. Y Pérez empezó a formar parte del segundo grupo.

Unos meses después, Juán Miguel Álvarez y yo nos empezamos a llevar, e hice que también formara parte del grupito donde estaban Pérez, Daniel y Murillo, y vaya que se acopló bien. A partir de ahí surgieron las retas de Crash Team Racing y algunas estupideces como el “Gran Tour” (que ese sí será en una anécdota aparte).

Era para mí todo un golpe de suerte que Juán Miguel se llevara tan bien con Laura, pues hasta entonces mi mayor avance había sido aprenderme sus respuestas en un chismógrafo del salón.

Es más, tenía el apoyo hasta del maestro de matemáticas, que me dejaba darle copia para ver si con eso hacía méritos suficientes, pero… nada de eso bastaba.

Se acercaba su cumpleaños, y como buen chamaco embobado, me gasté como $400 en regalos.

El dichoso día llegó, y yo fui con Juán Miguel hasta la puerta de su casa a entregarle su regalo, ella tenía una pequeña fiesta, pero por supuesto yo no estaba invitado, igual no le di importancia, solamente le entregué sus obsequios y la felicité… y con la misma, me fui hacia la parada de camiones.

Ella se quedó afuera de su casa platicando con un primo suyo y con Juán Miguel, y cuando este último apareció nuevamente en mi campo de visión haciéndome señas de que regresara, no lo pensé dos veces, no sabía cómo había sucedido, pero ya estaba invitado a la fiesta de Laura.

Nada remarcable pasó ahí, mi poca habilidad social no me permitía entablar grandes conversaciones, aunque tampoco creía estar incomodando a nadie.

La fiestecilla terminó y de regreso a mi casa, Juán Miguel me contó sobre esa plática con Laura y su primo, y de cómo este último era el que la había convencido de invitarme. Repasando ese hecho, creo que mi juicio estaba muy mal, porque en vez de molestarme de que no había sido iniciativa de Laura, yo estaba feliz porque según yo, tenía ya a su primo de mi lado.

Tercer año de secundaria concluyó, y hasta el momento mis avances eran:

1) la cantidad de datos curiosos que sabía sobre ella (por los chismógrafos)

2) estuve dentro de su casa (en su cumpleaños)

3) tenía fotos suyas (con una camarita digital toda fea xD)

…pero yo ya estaba empezando a ver otros horizontes, así que en primer semestre de bachillerato, Laura ya no era mi principal objetivo.

Como paraescolar tomé Teatro, y ella Baile Moderno con el mismo maestro. Yo me apunté a ayudarlo con la grabadora y esas cosas del grupo de Baile Moderno, y ahí fue donde me la volví a topar, en un primer ensayo, un sábado.

Ese día al parecer las chicas no habían contemplado que sus llaves y celulares les estorbarían, y como yo era el único que había llevado mochila, el maestro les sugirió dejar sus cosas allí, Laura también lo hizo.

Terminó el ensayo y todas sacaban sus cosas de mi mochila, todas excepto Laura, que había olvidado sus llaves.

Llegando a casa me di cuenta de que tenía unas llaves desconocidas en la mochila, y las guardé en el estuche de mis lentes (sí, en esos tiempos yo usaba lentes).

Llegó el domingo y yo tenía clases de computación en CETEC, ahí empezó el problema, porque terminando la clase, sin que yo me diera cuenta, el estuche de mis lentes cayó al suelo.

El lunes en la escuela me habló Paola, una amiga que Laura y yo teníamos en común, y me preguntó si yo tenía las llaves, a lo que le contesté que sí, mientras revisaba mi mochila y veía con preocupación que no estaban.

Le dije a Paola que al otro día se las llevaría, que las había dejado en casa.

Puse la casa de cabeza buscándolas, y al otro día tuve que decirle a Paola que las había perdido. Laura estaba tan paranóica que me reportó con la psicóloga, que no tardó en llamarme para decirme con toda la complicidad de un sacerdote en el confesionario, que admitiera que no le quería devolver las llaves porque me gustaba… vaya idea tan descabellada, me habría reído de no ser porque me sentía ofendido.

Toda esa semana fue un infierno, entre las miradas acusadoras de Laura, la desconfianza de Paola, y las estupideces de la psicóloga, ya me tenían loco; un día, de hecho, Paola hasta me acompañó a mi casa para ayudarme a buscar las mentadas llaves.

En cuanto al maestro de teatro, le dije que por problemas personales ya no podría seguir yendo los sábados a ayudarle.

…y ¡oh sorpresa! cuando llegó el domingo y en CETEC uno de mis amigos empezó a decirme sobre lo descuidado que soy, mientras me entregaba el estuche de mis lentes, con esas malditas llaves dentro.

El lunes a primera hora fui con Paola, le entregué las llaves, le expliqué lo sucedido, y no quise volver a escuchar el nombre de Ana Laura Rivera Díaz.

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El libro de visitas de un corazón de condominio

Bueno, hasta donde mi memoria y mi pudor me lo permitan, haré una lista de chicas por las que he babeado, nombrándolas por su característica más remarcable:

  1. Una amiga de la infancia
  2. Una chica con las mismas iniciales que yo
  3. Una chica del coro de la catedral
  4. La hija de un enemigo de mi familia
  5. La hermana menor de un amigo
  6. La sobrina de unos amigos de la familia
  7. La mejor amiga de la chica a la que le gusto
  8. La hermana de la chica a la que le gusto
  9. La hija de mi patrón
  10. Una prima
  11. Una sobrina lejana
  12. La primera chica gamer que conocí
  13. La primera chica “otaku” que conocí
  14. La primera chica programadora que conocí
  15. Una niña a la que le daba clases particulares
  16. Una vecina
  17. Una chica con nombre raro
  18. Una chica parecida a un personaje de un simulador de citas
  19. Una estudiante de la escuela donde trabajaba
  20. Una chica que conocí por internet
  21. Una porrista
  22. Una chica que trabajaba en unas arcadias
  23. La sirvienta de la casa de mi hermana
  24. La novia de alguien que me cae mal
  25. Una chica muy callada
  26. Una estudiante de intercambio
  27. Una actriz
  28. Una chica muy devota
  29. Una compañera de clases de mi sobrino
  30. Una niña con una enfermedad terminal
  31. La chica a la que mi amigo jamás le corresponderá
  32. Una chica a la que le gustan los Trading Card Games
  33. Una freak de los idiomas
  34. Una lesbiana
  35. La hermana de alguien a quien no soporto
  36. La primera busty de la secundaria
  37. Unas gemelas
  38. La chica más popular de la prepa’
  39. Una darketa
  40. Una autoproclamada bruja
  41. Una chica que ya es madre
  42. Una chica de la que me hablaban tanto que me empezó a gustar
  43. Una maniática de la lectura
  44. Una chica a la que nunca le hice caso cuando yo le gustaba
  45. Una chica andrógina
  46. Una compañera de un grupo de autosuperación
  47. Una compañera de trabajo
  48. Una amiga de mi hermana
  49. La hija de un maestro
  50. Una maestra
  51. Una chica con una discapacidad
  52. Una chica de olimpiada de matemáticas

…algunas de esas fueron bastante recurrentes, como la de la vecina, pues en realidad han sido una, dos… hmmm… cuatro vecinas diferentes.

En fin, realmente no nombré a todas, pero sí a las que logré recordar. Quiero pensar que no me faltan más de 10, pero bueno… eso es todo por hoy.

  1. Una chica con las mismas iniciales que yo

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Probabilidad vs. Realidad

Oh, sí, recuerdo cuando pasé a bachillerato, estaba en la misma escuela donde había pasado casi toda mi secundaria, pero en un nuevo nivel, y en honor a ese nuevo nivel, pensé en hacer ciertos arreglos en mi prácticamente nula vida amorosa.

En otras palabras, me decidí a hacer uso del viejo “prueba y error”, que consistiría en intentar llegar a algo con una chica que me gustase, y si en una semana no había señal de esperanza (o de plano me bateaba), seguía mi camino e intentaba con otra chica…

(Después de todo, si tenía un 1% de probabilidades con las chicas, sólo necesitaba hacer 100 intentos :P suena lógico – y aritmético- , ¿no?)

Por penoso que suene, quise empezar con las de nuevo ingreso, las que acababan de entrar a primero de secundaria (después de todo sólo eran un par de años menores que yo, sí, recuerden que entré a los 5 años a la primaria :P ).

La primera chica en la que me fijé fue Ana Karen, y mi buen amigo Alejandro, casi al mismo tiempo ya se había encaprichado con otra nueva: Viridiana.

En esa generación, convenientemente entró mi sobrino Rafael, y parece que me entró mucho el afecto familiar, porque curiosamente iba seguido a platicar con mi querido sobrino.

Fue así que conocí a Mayra, una pequeña, linda y tímida niña del salón de mi sobrino.

Yo seguía en la “semana de Ana Karen”, pero dentro de la “bolsa de faldas” de la escuela, se cotizó muy rápidamente, y… si es que alguna vez tuve oportunidad, ahí se perdió xD

Probé suerte con Lisbeth y Shany de segundo, con Guadalupe, Yadira y otra amiga suya de tercero, Grisel y Melina de primero, en fin… pura secundarina…

De más está decir que todo falló rotundamente: Lisbeth no me podía ver ni en pintura (pfff… ni cuando su novio se fue del país); Guadalupe, ehmm… simplemente no pasó nada; con Yadira y su amiga, no, nada de nada, solamente amigos, igual con Shany (bastante buena onda la niña, hasta me invitó a su casa); Melina y Grisel… tampoco… de hecho por esa época Grisel se consiguió novio, así que… automáticamente salió de la lista xD (de hecho creo que todavía andan, o talvez sea mi imaginación :S )

…si hasta intenté algo con la hermana de un amigo, y tuve el consentimiento de él, y de la madre… pero de ella nada de nada x_x

Un día decidí tomarme un descanso, y me tomé un poquito más de tiempo para platicar con Mayra… por azares del destino esa vez nos terminamos quedando solos afuera de la escuela, sus amigas se tuvieron que ir, y eso dejó el ambiente algo tenso… me dieron ganas de arriesgarlo todo con una niña diferente… una niña tímida con la que tendría que ir leeento.

Le dije que me gustaba, y la vi apenarse y quedarse sin palabras, aunque no sabía si era por la situación incómoda o porque talvez le había agradado lo que acababa de escuchar. Solamente la escuché decir “nos vemos mañana” y se fue.

Al otro día me evitaba, buscaba su mirada y ella me la negaba. Quería saber qué ocurría, y la respuesta no fue grata: ella le había contado a una amiga sobre lo ocurrido, y la amiga, cuando supo que se trataba de mí, le contó, pues… todo mi ~ historial~. Ahí acabó todo. GAME OVER.

Poco tiempo después, ehmmm… digamos que me vi forzado a cambiar de escuela, de aires, y por supuesto: de estrategia.

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Mis días de stalker

Dicen las malas lenguas que el stalking es una práctica que no he dejado de hacer, pero yo me considero ya bastante domesticado al respecto…

Creo que me tomaré luego un tiempo para contarles alguna que otra ocasión en que aceché voyeuristamente a una presa que en realidad jamás pensé en devorar :S

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Rock Band

Ah… recuerdo la primera vez que jugué Rock Band… casi todas esas canciones eran cosa nueva para mí, un anti-melómano de marca… pero tampoco me molestaban… lo único incómodo del momento era que yo estaba casi a la fuerza conviviendo con un grupo de frikis entre los que solamente conocía bien a uno (y supongo que ya sabrán la fobia que les tengo a ese tipo de situaciones).

Llegó la hora en que se dieron cuenta que aquel saco de carne y huesos inerte y prácticamente mudo no había participado… y fue así que me obligaron a cantar ¬¬ (Yeah Yeah Yeahs – Maps, por si tenían curiosidad :P )

Ya había cumplido con el protocolo, después de eso podía estar totalmente tranquilo de que no me obligarían de nuevo, aunque me quedé con la curiosidad de intentar con la guitarra, el bajo o la batería… pero ni loco les iba a decir :S

Tiempo después, mi amigo Warmasterchief me invitó a su casa a jugar Rock Band, también invitó a K-ro, a Kaliban, a Yuzzem y a Mergo… esa vez también fui obligado a cantar… pero… al menos ahí sí tuve la confianza de pedir experimentar con la batería y demás… y no sé si fue suerte de principiante, pero no me iba tan mal con la batería… (¬¬ y sí pasé del Easy, eh?)

Fue una agradable experiencia… pero… xD a Warmasterchief y el resto de gente que frecuenta esta casa se les ocurrió traer el Rock Band acá, y pues… hmmm… a la segunda semana desarrollé una aversión por la mayoría de las canciones de ese juego (incluso las que alguna vez me gustaron).

La siguiente gran idea fue la de comprar canciones extra, mediante una cooperacha entre la gente de esta casa… yo acepté porque dije “aaaah… canciones no-choteadas”… pero se repitió la historia xD

La estancia de esa XBOX 360, el Rock Band, y la televisión de Warmasterchief en esta casa me provocaba bastante stress, por la responsabilidad que conllevaba… y… como recién se había hecho la cooperación de las canciones, él no se sentía con el derecho de llevárselo…

…yo de plano dejé de jugar… y… por feo que suene, el día que el Rock Band se fue, fui feliz.

Pero ha vuelto… por eso me compré unos audífonos nuevos :)

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Mi primer intento de blog

No, no hablo de este… ni de eleoele, es más, me dieron ganas de hacer una lista de mis blogs antes de continuar esta anécdota:

  • Con la mente en negro
  • Con la sangre del índice
  • [Blog privado]
  • Ðarkarael Montecristo
  • Makai-Anime (sí, ese fail tuvo blog – también fail)
  • Tec.tonica
  • ELE O ELE
  • [Blog anónimo]
  • …este

Bueno, omití algunos, tengo algo de pudor, ¿saben?

Ahora sí, mi anécdota:

Era un hermoso día en la frikisfera cordobesa, y… Naru se botó la puntada de hacer un blog donde nos contaba toda su pintoresca vida a su protagónica manera.

Casualmente en esos tiempos yo me encontraba en ondas extrañas (quizá con cierta influencia Shaman King) sobre tener un “lugar favorito” para estar… y lo encontré, era en las escaleras de las afueras de una iglesia, la Iglesia de San José, a unas cuadras de mi casa de aquellos tiempos… y… entre esas mismas ondas, de repente me daba por escribir lo que pensaba, en una libreta forrada de cinta de aislar negra, titulada “Con la mente en negro”.

No sé cómo fue que desvié las intenciones originales de ese nombre, pues lo que en un inicio era una libreta llena de pensamientos oscuros y amargos sobre el mundo que me rodeaba, se volvió, pues… eso…

..que me decidí por hacer un blog también, tenía ganas de desahogarme, y eran tiempos en los que mi vida estaba algo “movida”… en gran parte por lios amorosos y esa clase de cosas (imagínense… eran tiempos en los que hasta participaba extraoficialmente en un programa de radio local).

Básicamente ese blog era como el cursi diario de una quinceañera emo, pero adaptado a un dieciochoañero melancólico.

Como el perfeccionista enfermizo que soy, tenía la firme convicción de hacer un post diario, ni más ni menos… y durante un tiempo cumplí dicho cometido cabalmente… luego me encontré con la ruin artimaña de cambiar las fechas de los posts, así aunque se me pasara un día, luego lo “componía”.

Se volvió moda en mi núcleo social (como muchas cosas, en las que no soy el que inicia la tendencia, pero sí de los primeros en provocar el hype).

Y… ahora que lo pienso, como hace poco me lo hizo ver un amigo, esos medios de comunicación tan incensurables desatan muchos conflictos en una comunidad (véase -hoy en día- twitter)… porque… efectivamente, la ola de blogs personales, pero públicos, nos afectó, hubieron dime’s y direte’s…

Después de un tiempo perdí la constancia (ya saben, esos problemillas le bajan la moral a cualquiera), y en el “aniversario” del blog, lo reviví, con la intención de ser igual de constante que la primera vez… pero no tardé mucho en volver a perderla…

…creo que por eso no me hago un metroflog xD

El blog murió casi en sincronía con mi mudanza a Veracruz, rompeolas que significaba “tiempo para meditar” y que me hizo pensar en la vendetta durante un tiempo. No estoy seguro de si ya se borró esa necesidad, pero ese primer blog mio sí que murió.

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